jueves, 30 de septiembre de 2010

Diccionario sentimental; p de país


Siempre me pregunté porqué Miyó Vestrini se dejó el mechero en casa de Salvador Garmendia la noche en que se suicidó. ¿La prisa por quitarse la vida? ¿La manía del objeto como quien deja migas de pan para ser encontrado? Una mujer tan drástica como ella no necesitaba de esos protocolos. Y si sintió miedo, lo llevaba muy dentro, como un fuego propio, el que siempre irradió en sus poemas y sus arrebatos. (¿No, Lagarto?).

Me cuesta hacerme a la idea de sus venas como los cordones de zapatos viejos, como cuerdas vencidas, cansadas, de las que alguien da un último tirón. Pronto se cumplirán 20 años de la muerte de una de las mejores poetas y periodistas de la generación ballenera, siempre más arponeada de la cuenta -la ballena y los poetas-.

De los afectos personales, el de Miyó es, quizás, el más desenfrenado de todos. Todo en ella fue metáfora. Las historias de Giovanna y sus Órdenes al corazón. Ese trajín de locura y verbo ahogándose en ginebra.

Mirar atrás se me hace más difícil. Releyéndola, con una mínima luz de madrugada, 'la Miyó' me habla más claro que hace unos años. Y no sé si  las dos hemos envejecido -¿puede alguien envejecer desde la muerte?- o que yo, como ella alguna vez, estoy comenzando a cansarme de este asalto permanente que son las patrias.

He visto confiscadas muchas pertenencias, algunas con nuestra colaboración otras con nuestro más revoltoso forcejeo. Las palabras, también, han entrado en esa deuda que poco a poco se hace mayor bajo ciertas almohadas de las que ahora sólo salen pesadillas o picotazos.

Y
a no me acuerdo de ciertas razones. Ya no me acuerdo de Antonio Arráiz, ni Miguel Otero, tampoco de Jesús Sanoja Hernández, Juan Liscano o Ida Gramcko. Ha perdido sentido el papel que olía a tinta. Y releer a Miyó me hace saber que es el mal de amor, el despecho nacional. Es este no querer, queriéndolo.

Siempre me pregunté porqué Miyó Vestrini se dejó el mechero en casa de Salvador Garmendia la noche en que se suicidó. Y durante una época di vueltas buscando respuestas a la pregunta sobre qué había querido decir con eso.Ahora que lo pienso, y que ya no lo pregunto, imagino ese mechero como una instrucción para el futuro.

La mujer que escribió Órdenes al corazón no encontró otra forma mejor de indicar la destrucción como un destino inevitable: suyo, nuestro. Miyó militó además en 40 grados bajo la sombra. Si hay alguien que conoce el poder del calor para borrar y desterrar, es ella. Por eso el fuego.

Entre su muerte y nosotros, Miyó Vestrini dejó la posibilidad de prender fuego al país soñado, al huerto de frustraciones y cuentas sin pagar. Estado, escritores,cultura, burócrata, deuda, sociedad, bienestar, gentilicio, asco, moscas, presidencia, militar. Porque, al fin y al cabo, qué es un país sino una familia odiándose.

Ahora que tengo casi diez años más desde que empecé a leerla, advierto en ese mechero no una llamada de auxilio, tampoco un arrepentimiento ni un camino de migas para que la encontraran desangrándose. Era un paso al frente para los que quedaríamos vivos.

8 comentarios:

Juan Ignacio dijo...

Un paso en frente, sin duda, y también una invitación para que alguien robara ese mechero, que luego sería robado por otro y así sucesivamente hasta que se perdiera entre las manos y el humo de un país que deja todo para después, es decir, para después de haberse fumado el cigarrillo.

Saludos...

Adriana dijo...

Magistral KSB, este texto está impresionantemente impecable. Y que sincronicidad que andaba yo dibujando ballenas ayer, desde otro techo.

Techos desperdigados ahora

perdidos, como el mechero

La KSB dijo...

Eso es lo que nos pasa, Adriana, a los que caminamos mirando los adoquines... ¡coincidimos en la baldosa menos pensada! ¡Mándame una ballena Adriana! ¡Mejor, mejor: un elefante! Sí!!!!! Hagamos un intercambio..

Juan Ignacio... sin duda, ¡vaya fume de país!

¡Gracias!

mharía vázquez benarroch dijo...

gracias de todo corazón, porque quienes la amamos y la llevamos sucesivas veces a lavarle el estómago, no hemos olvidado su pasión, su corazón generoso y su poesía de napalm.
un abrazo desde la nostalguia.

La KSB dijo...

Ay Mahrìa... yo tenía apenas 9 años cuando Miyó murió, no imaginaba entonces lo mucho que iba a leerla. Ay Giovanna...

Adriana dijo...

te amndo la ballena esta tarde, y despues te mando el elefante... besos!

Elis dijo...

buen escrito, tomé prestada la foto para una revista que estoy haciendo, sabrás la fuente de la misma?? gracias
ELis

Elis dijo...

buen escrito, tomé prestada la foto para una revista que estoy haciendo, sabrás la fuente de la misma?? gracias
ELis