martes, 1 de marzo de 2011

Hijos de la medianoche

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Quizás deba carraspear para escribir esto. Quizás deba encabezar querido diario y hacer punto y aparte. He cumplido la edad de las crisis, de los eventos impares. Y los hielos se agolpan alrededor de cosas prescindibles; las que pasan al otro lado de un número primo; las que ocurren cuando no se tiene edad suficiente para ninguna categoría. Es muy pronto aún para la F de fracasado. No hay motivos para la E de Exilio, tampoco méritos suficientes para la X de Extranjero. Yo me he limitado a heredar una nacionalidad; en ella me acomodo sin problemas, sudaca de padre español. Pasajera en trance, diría Charly, pero tampoco. Y yo que crecí pensando que Eleanor Rigby era tan sólo una canción bonita.

He conversado este fin de semana -demasiado-, sobre personas, historias y hechos que debían ocupar un lugar remoto. Me descubrí como quien se abanica y bebe un vaso de papelón con limón, sentado en su caserón 'modernista' mientras los muros se caen a pedazos sobre su antigua casta y la hierba del jardín crece, salvaje. El trópico siempre tiene apetito. Siempre devora a quienes lo habitan, incluso en la distancia.

Hablábamos, como siempre, de la trampa de la vuelta. Oh sí, volver. A dar batallas, peleas. A partirse el pecho. Como si fuera posible; te lo van a partir antes. Hablábamos, como siempre, de cifras. ¿Son 180? No, no 190. Mi madre ha cogido la costumbre de mandarme las cifras de muertos por violencia que consigue en los periódicos. Cuando leo su revista de prensa me doy cuenta de que el país donde nací tiene cortes de branquia. Para desangrarse mejor.

Lloro en un sillón verde con forro de tela pana. Lloro desconsoladamente, sin saber porqué. Lloro como los niños. Con los pulmones abiertos. Con la espalda. Las piernas y las manos. Lloro con todo el cuerpo. Lloro de rabia y despecho, porque el país que echo de menos es algo que ha dejado de existir. Y que incluso, producto de la nostalgia, he llegado a maquillar.

Dos amigos hacen lo que pueden por espantar mi tormenta de rabia, vino y mocos. Y quisiera preguntarles si no somos, acaso, como Los hijos de la medianoche, si no estamos en ese minuto que antecede al fin de un día y el comienzo del siguiente: extraviados, provisionales, viajantes, gitanos, descastados, periféricos de una clase media europea en la que somos el agua del aceite; gente que no va a encontrar lo que dejó, gente que ha perdido sus recuerdos comidos por las dormideras.

Si la desaparición es una cualidad no exclusiva de los seres vivos, podemos suponer, también, que se esfuman los orígenes y las certezas. Que la vida es reposición de lugares y no la idea permanente del mismo. Que todo cuanto hemos sido hasta ahora son sustituciones. Prototipos. Versiones beta. Me pellizco. No puedes volver a un país de gente muerta, personas invisibles, extranjeras en su propia calle y entre sus vecinos. Mirar atrás no tiene sentido, pienso. Cuando te des la vuelta, ya todo habrá desaparecido, otra vez.

(*) Fotografía publicada en el diario venezolano El Nacional en su portada durante el mes de diciembre de 2009. En la gráfica están retratados un grupo de cadáveres, apilados sin ninguna dignidad, en la morgue de Caracas, colapsada por el desborde sus instalaciones. Tan sólo en los primeros seis meses de ese año, la institución recibió 2100 cadáveres por homicidio. La imagen le valió al rotativo una demanda de la Fiscalía y la prohibición de publicar otras fotografías de este tipo.

5 comentarios:

Adriana dijo...

KSB

el tropico siempre devora a quienes lo habitan, incluso en la distancia.

has dado en el clavo.

Eso es lo que le voy a decir a mi siquiatre el jueves.

Seguro que me entiende! JAAAA

preclara que eres :)

La KSB dijo...

Ja ja ja ja ja ja ja ja ja ja ja .
¿Será que "le caerá la locha" a él también?
UN abrazo enorme Adriana, enorme.

Doctor Letra dijo...

Y con el tuétano, de donde salen las lágrimas más saladas y más cercanas a la raíz de las penas. Con eso también se nota que lloras cuando vomitas todo esto...

La KSB dijo...

hueso de mis huesos
cloc, cloc, cloc, cloc

Prof. Christian Páez Ricvadeneira dijo...

Este país, sí, hecho trizas; no de ahora, desde hace años inclusive antes de la llegada del socialismo. Seguimos aquí: pero ya no contamos el número de muertos; apenas si nos reímos con los chistes del Chiguire... Agradecemos al dictador cuando libera un preso político, o nos permite usar algo de nuestro dinero para un libro o lo que sea fuera del país.
Pero seguimos aquí.
Un abrazo, si sirve de consuelo: las lagrimas son las mismas; yo no lloro, pero quisiera.
christian