jueves, 3 de diciembre de 2009

Barcelona y la fábrica de chocolates


Hay ciudades de las que me he enamorado loca e inavitablemente. Sin motivo ni móvil aparente, incluso con viento en mi contra, o simple y llanamente ningún motivo de peso para que así sea. Mérida, Cumaná, Medellín, Nueva York, San Francisco, Ciudad de México o Bristol. Aún sin conocerlas, he pretendido profundas amnesias para extrañarlas. Y conociéndolas, el enamoramiento ha sido cada vez peor y más profundo. Quienes me conozcan podrán alegar que nunca quiero estar en donde estoy y podría, en otro caso, darles la razón. Pero hoy, justamente hoy, no estoy en los zapatos de un asesino confeso.

No sé si ha de ser por mi reciente afición a Bolaño mezclada con mi encuentros con Barcelona, la gran hechicera, de Robert Hugues -todo unido con mis visitas, ya esporádicas a Barcelona- y una alocada idea que une en un mismo vértice a la Lonja, la Guaira y el Parc Güel, pero no puedo quitarme de la cabeza los adoquines del Paseo de Gracia.

He detenido un manuscrito que no iba a ninguna parte, justo para que siguiera sin ir a ninguna parte y cambiara su rumbo a ninguna parte, pero en Barcelona. No sé porqué, pero me detengo sólo en aquellas escenas que ocurren sólo en La Diagonal, o necesiten un minucioso recorrido por el Raval.

Luego de verificar datos que en verdad no necesito, vuelvo a la maravillosa Pista de hielo de Bolaño, novela ahora reeditada por Anagrama y originalmente publicada por Seix Barral. Me detengo en la patinadora del Palacio Benvingut, ubicado en un anónimo pueblo de la costa catalana, y que se abre desde las páginas del libro como un tesoro mentolado y fluorescente.

Y vista de lejos me descubro simpatizando con cosas absurdas, imaginarias y hasta irracionales, sin saber exactamente porqué. Leo, por ejemplo, sobre los Bobornes del siglo XVIII y siento una extraña y automática solidaridad, como si tal opresión -cuya veracidad en verdad no alcanzo a comprobar- ultrajara esa ciudad nublada y maravillosa, marina y distante, que tanto me embelesa y por la que siento el arrebato que detiene manuscritos y fabrica estas babas pseudoliterarias. Casa Milà, Casa Batllò, lugar idóneo para pesadillas, y si a George Orwel el templo Sagrada Familia le pareció en su Homenaje a Cataluña uno de los edificios más feos del mundo, a mí también, pero por los turistas.

Algo me empuja, incluso, a reconstruir el nacimiento de mi padre, ocurrido hace más de setenta años, de paso y con prisas, en esa ciudad. Mi padre, tan poco dado al orden, nunca ha sabido muy bien la fecha de su cumpleaños, si el20 o 21 de junio, y a estas alturas ya no me fío de lo que me diga al respecto, porque sé que acomodará la historia a lo que sabe que quiero oír. Además, ¿quién me asegura que puede recordar el nombre del hospital, si apenas recuerda sus años en el Sur de Francia? No está fácil este enamoramiento. Nada fácil.

Es jueves, son casi las doce. Hace diez grados. Madrid está hermosa, mucho más que cualquier día de esta semana y del invierno que aún no comienza y, aún así, aquí ando, en plan asesino confeso, cambiándome los zapatos. Pero les juro, sus señorías, que no soy culpable. No deseo los zapatos de nadie.Tampoco la bola que le dio la bruja a Pedro en el bosque para adelantar el tiempo. Sólo me enamoro de ciudades lejanas. Sólo eso su señoría. Si no, pregúntele a Ulises Lima. Y si a él no le cree porque es poeta, entonces haga lo propio con Remo Morán.

Dirán que estoy loca. Pero a mí Barcelona me sigue oliendo a eso. A gasolina y guayaba. A lo que olía mi infancia antes de llover. ¿No les parecen motivos suficientes, al menos esta vez?

14 comentarios:

Soraly dijo...

Hay motivos del corazón que la razón no comprende. Respira, siente, disfruta y no busques explicaciones. A veces (unas pocas que deben aprovecharse) las explicaciones simplemente no hacen falta.

Marc dijo...

El Raval es con v querida.
V de víctima.
V de vicisitud.
V de vigilia.
Barcelona te espera...

cristina dijo...

Que hermoso escrito hermana...
creo que todos siempre nos emanoramos de una ciudad, no se sabe porque, si sera el olor, los colores, si porque algún sultan las cobija...
es algo indescrifrable, como el amor mismo

Noemi dijo...

"El corazòn tiene razones, que la razòn desconoce"...Asì es el amor Karina, amamos y no sabemos¿por què?...no hay razones...y...no, no estàs loca, simplemente eres un ser humano, estàs viva...Me encantò tu crònica...

Antonio dijo...

Amigo Marc,

Antes de hacer críticas no constructivas, le recuerdo que debe estar muy seguro. Revise sus blogs, a todos se nos puede escapar un "typo" (le recuerdo, por ejemplo, que los "metereólogos" no existen - http://bcarcelona.blogspot.com/2009/11/aires-de-saus.html - o que crítico se escribe con acento -http://asumetubarranco.blogspot.com/2009/08/los-criticos-tambien-lloran-homenaje.html).

Además recuerde usted que la "v" y la "b" caminan de la mano en nuestros teclados y es fácil que un "typo" se confunda con una falta ortográfica.

Saludos

DINOBAT dijo...

Siempre buscando razones para pertenecer...

La KSB dijo...

Amigo Marc... tiene razón, con V de Victoria. Raval... victorioso... Raval...

Marc dijo...

Amigo Antonio,
No fue una crítica no constructiva.
Se asumía que el error, si lo fuera, era poético, no ortográfico,
kristina (con K si hace falta) sabe que era cariñoso.
Más nada!

mharía vázquez benarroch dijo...

karina, barcelona te huele a guayaba, porque cuando subes al castillo y ves el port, es identico a la Guaira antes del deslave. eso me lo hizo notar mi compadre cuando viajó a barcelona y sentados allá arriba yo trataba de explicarle por qué me sentía tan cómoda en bcn al mudarme desde madrid y el me dijo "pero si es que tiene todo para recordártelo, las palmeras, el mar, el puerto, la calidez de los catalanes cuando te oyen el acento venezolano"...ah, y el Raval histórico es con "b", así consta en los mapas del siglo 19,¿Casualidad, justicia poética?
un abrazo karina

La KSB dijo...

Ja ja ja ja ja María, ¿será? Es muy gracioso ... comienzo a pensar que es una opción que podría quitarme al menos un poco que todavía siento por el dedazo.... je je je je je je je je je je je je je Oye, de verdad, te recomiendo este libro, el de Barcelona, la gran hechicera de Robert Hughes, es una belleza de libro... quizás demasiado poco objetivo pero una belleza al fin y al cabo.

La KSB dijo...

un poco de la vergüenza, quiero decir.... (es tanta que hasta me la he saltado) ;)

Juan Carlos Sainz Borgo dijo...

Excelente post, muy sentido, muy vivido o bebido, no se... pero muy bueno.

Sinar Alvarado dijo...

en el caso de medellín compartimos el crush, un amor loco y desmedido. aunque yo sí puedo enumerar mis razones.

tiempo sin pasar por aquí. tu estilo sigue decantándose por donde es. me gusta.

abrazos.

Saul Rojas Blonval dijo...

Esta ciudad te engulle sin miramientos, pero del otro lado salimos enteros, aún más que antes.

Quizás sea el olor a guayaba y el salitre del modernismo catalán.

Saludos desde tu amada ciudad.