martes, 6 de octubre de 2009

Sobre la conversación de los árboles y el idioma de los coyotes



"-Pero, ¿no es muy oscuro el sótano?
-La verdad no penetra un entendimiento rebelde.
Si todos los lugares de la Tierra están en el Aleph,
ahí estarán todas las luminarias, todas las lámparas, todos los veneros de luz.
-Iré a verlo inmediatamente".
Jorge Luis Borges. El Aleph

Esto es para ti, el señor de los coyotes, el amor de mis días.

Mi padre tiene una teoría bastante poco ortodoxa acerca de la conversación de los árboles. Su teoría no los incluye a todos, claro está, pero sí la mayoría de ellos (No me imagino a mi padre siendo el mejor amigo de una mata de mango, con un Chaguaramos le basta). El asunto en sí es simple.

Los árboles, dice él, son los mejores amigos de quienes les buscan. Es a ellos, y no a nadie más, a quienes debes contar tus cuitas. Pero los árboles no contestan, un razonamiento brillante con el que mi ilustrado hermano pretendió desmontar la teoría forestal de mi padre. Yo aún no estoy muy segura sobre si conversan o no los árboles. Sólo sé que los mueve el viento y que bajo su copa siempre se puede empezar ota vez.

Acerca de los pájaros existen también hipótesis similares. No hace mucho me hice llamar gorrión con la esperanza de aprender su idioma libre y secreto. Y debo admitir que aprendí algunas frases sueltas, suficientes para volver de la locura.

A mi hermana, que se la dá muy bien esto de hablar con los pájaros, no se le ha ocurrido una teoría muy concreta al respecto. Sólo sé que disfruta persiguiéndoles, donde quiera que vayan. Algo debieron decirle alguna vez para que ella no dejara de seguirlos. Vaya gorrión, a veces creo que hablas. Eso creo, a veces.

Y en el bosque hipotético de mis sueños y mis días, árboles y pájaros se unen cual gran orquesta. Y con ellos uno sería capaz de elevarse sobre los atascos, las ciudades y los idiomas incomprensibles. Sí, porque existen idiomas incomprensibles, dialectos enfermos que aprendemos a hablar frente a los espejos. "Yo me enseñé alemán, leyendo a Shopenhauer", dijo una vez Borges en una entrevista concedida cerca de los ochenta, ya al final de sus días.

No sé si el ciego más brillante de todos hallaría respuestas en su propia oscuridad. Lo cierto es que él, al igual que los pedestres mortales premiados con ojos necios, le faltaba aún un parpadeo concreto: el del alma. Por eso los guiños, a veces. Por eso los dialectos y Shopenhauer, también. El problema de los dilectos, como el de los párpados, es su intermitencia, aún más peligrosa que el silencio de los árboles.

Desde hace una semana ha vuelto a amanecer a su hora. El día llega puntual, con los dientes limpios y el corazón fresco. Alguien ha venido a darle voz a los árboles y verbo a los pájaros. Alguien ha venido desde muy lejos y ha traído consigo una manada de coyotes, el único animal de reino fantástico, el mismo que existe en las fuentes de Coyoacán y los desiertos. Los únicos capaces de volver en primavera, aunque estemos ya en octubre.

Rara la teoría de mi padre, no menos extravagante la del gorrión o la del buen Borges. Pero en este bosque hipotético es mejor desviar raíces y seguir de cerca el paso del coyote y del hombre que lo trajo de la mano. Prefiero su lenguaje al mío. Por eso le sigo, no importa la frontera.

4 comentarios:

cristina dijo...

Hermana, tu si que descrifras el lenguaje de los pájaros

Ópera dijo...

"Cantando al revés los pájaros desencantan el canto hasta caer en el silencio: -lenguaje – lenguajeando el
lenguaje -, lenguajeando el silencio en el desmigajamiento de un canto ya sin canto. Se diría: (restos de
un Logos: migajas de un Logos: migas sin nombre para alimento de pájaros sin nombre: pájaros
hambrientos: (pájaros hambreados por la hambruna y el silencio).
Desconstruyen en silencio, retroceden de unos árboles a otros: (han perdido el círculo y su centro:
quieren cantar en todas partes y no cantan en ninguna): no pueden callar porque no tienen nada que
decir y no teniendo nada picotean como último recurso las migajas del nombre del (autor): picotean en
su nombre inaudible las sílabas anónimas del indecible Nombre de sí mismos"

juan de dios Martinez.

Irene dijo...

Nunca he intentado hablar con los árboles, sí con las matas, y ni se diga con los pájaros, rabipelaos, guacharacas, ardillas, gatos y tortugas que hay (o aparecen) en mi casa! La semana pasada hice un contrapunteo con un pájaro cerca de la ventana de mi baño, hasta que dió un tono imposible para mi de emular, lo cual me hizo soltar una sana carcajada! Viva Animal Planet!!! Y viva el coyote que te hace despertar con una sonrisa!

María Antonieta Arnal dijo...

Mi mamá habla con las matas mientras las riega y a mi me gusta hablar con mis perros. Aunque no te respondan, yo siento que me escuchan. Pero claro siempre es mejor hablar con alguien que te conteste.