miércoles, 23 de julio de 2008

Gran Vía, 29



Antonio Gamoneda le dio veinte céntimos por uno de sus poemas; Saramago 120 euros. No estoy dispuesta a creerme todo lo que dice, pero tampoco es justo dudar de él sólo porque vive de lo que escribe. De ser así, mentirían todos los poetas y narradores, incluyendo al tacaño príncipe de Asturias y al nobel luso.

Le escucho. Habla como si leyera la suerte, tocara violín o fuese una estatua viviente. No se proclama poeta ni escritor. No necesita publicar sus poemas, dice; se los sabe de memoria. “Además, nadie compra poemarios, son una pésima idea. Nadie lee poesía”. Impostado o no, su desparpajo sobrecoge y aburre. Y aunque me gustaría irme, me quedo allí. Quién sabe porqué quiero escucharlo. Enrique Bayano se abroga dos proezas, ser el primero y único vendedor de poemas del número 29 de la Gran Vía desde hace 12 años y haber descubierto el reciclaje cuando nadie lo entendía, por eso quiere publicar un libro sobre el tema en lugar de sus sonetos. Nieto e hijo de chatarrero, Enrique tiene 54 años, un fajo de poemas escritos en tinta azul y adoquín y medio en una de las principales calles comerciales de Madrid. Lo suyo no es exactamente una venta, sólo un intercambio. Sentado en el suelo, justo al lado de La Casa del Libro, Enrique escribe con una carpeta sobre sus piernas. El precio lo fija el lector. “Se regalan poemas por la voluntad”, dice una cartulina con letras rosas y azules.

Es sábado, hace cuarenta grados y sobre la bandeja de cartón de Enrique hay tres euros con treinta centavos. Se saca dos euros más del bolsillo y da por hecha la cuenta del día. “Esto es lo que he sacado”. Dice haber sido rico, madrileño, maquinista, chofer de cercanías y padre de cinco hijas. Escribe desde siempre y porque sí. La venta es otra cosa, por necesidad, y punto; porque hay que sobrevivir, y punto; porque ya no consigue trabajo, pero también porque fue escultor y artista, vendedor y joven. Hace una pausa, al fin. No todo lo que escribe lo vende a los viandantes, me dice sentado en la acera.

La gente lo esquiva o se detiene. Y el que lo hace, tiene derecho a aceptar un poema, escucharlo y luego, si lo desea, soltar la moneda. Hoy llevo trece euros. Diez para comprar Manhattan transfer y tres más, por si acaso. Mientras le escucho, pienso en darle todo lo que llevo. Pero me contengo. Miro el poema de letra redonda e ingenua que me dio cuando me acerqué para increparle . “Me ha quitado usted la idea. Pensé que sólo podría ganarme la vida con lo que otros me dieran por lo que escribo, pero se me adelantó, ¿no?”. Me miró desde su adoquín. Para igualar las cosas, me puse de rodillas. “Llegué primero que tú, hace doce años”. La risa la puso él, no yo.

Enrique comienza a hablar. Miro la hoja blanca, de nuevo. Sueño, dice el título llano de un poema que no es tal y que he comprado por tres euros tan voluntarios como miserables. El hombre recita el poema, de arriba abajo, sin fallar una coma de su propia cosecha. Pero el mejor poema de Enrique Bayano es el que no ha escrito. El verso más afilado son sus manos sucias, su tosca confianza literaria. El verdadero ars poetica es ese adoquín y medio que ocupan sus palabras. Le miro una vez más. Le explico que Venezuela no es el país de Chávez, sino el de Rómulo Gallegos, Cadenas, Liscano, Montejo, Balza… Doblo el poema y sigo.

Salgo de La Casa del Libro con una edición de tapa dura de Manhattan transfer. Tengo lo que he venido a buscar. Lo llevo en la bolsa. Salgo a la calle. Miro a Enrique Bayano escribir sus poemas. “Tengo lo que he venido a buscar”. ¿Realmente lo tengo? Pienso ahora que debí dejarle los trece euros. “Qué más da”. En dirección a la Puerta del Sol, camino apretando mi libro bajo el brazo.
Quizás vuelva mañana.

5 comentarios:

Juan C Sainz dijo...

Que es lo que fuistes a buscar? Muy buena cronica, pero mejores las preguntas.

the devil wears h&m dijo...

Nunca lo he visto, siempre bajo caminando por la otra acera... será Zara que me llama? O simplemente que de ese lado de la calle hacia arriba (siempre he pensado que ahi Madrid sube) están los barrios ghettos? He entrado millones de veces a La Casa del Libro y nunca lo he visto. La próxima vez me fijaré!

Raúl Márquez dijo...

Hola. Dios mediante el 12 de agosto llego a Madrid... Por supuesto visitaré al poeta de la Gran Vía, un buen dato... gracias...

cristina eugenia dijo...

Linda historia,
cuando esté en Madrid un día me llevas al poeta y me prestas tu libro nuevo.

La Gata Insomne dijo...

Qué buena tu crónica-prosa-poética

entiendo tu pregunta
dónde estarán mejor invertidos esos
13 euros???

a mí me basta con que hayas tomado de tu tiempo para contarnos de él

saludos desde Margarita- Venezuela